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El paradigma del docente de diseño, una visión hacia un nuevo modelo de enseñanza
por Jesús Gaytán
jhgaytan@gmail.com
Es bastante conocido que durante los inicios de la profesionalización del oficio del diseño, vivieron y educaron una gran pléyade de diseñadores que entre su vocación existía la docencia. Hitos de la educación del diseño como Paul Renner, Walter Gropius, Johannes Itten y Lázló Moholy-Nagy, son ampliamente reconocidos tanto en la academia como en el ejercicio de su profesión como visionarios y ejemplos a seguir tanto por su percepción de la profesión como de su actividad profesional.

En tiempos más recientes, nombres como David Carson, Norberto Cháves y Franz Werner, tan solo por dar un ejemplo, siguen los pasos de estos precursores tanto en los países líderes en su aportación a la profesión, como muchos otros en otras sociedades y contextos que apenas comienzan a vislumbrar el aporte que la disciplina entrega a los procesos comerciales e industriales en esos países.

Sin embargo, al hacer un pequeño alto en el camino, y observar lo que sucede en nuestras escuelas de diseño, y su aporte a las sociedades en donde ellas están insertas, no podemos pasar por alto que algo grave está sucediendo. Cada año egresan una gran cantidad de diseñadores en todas sus ramas, más sin embargo su impacto en la sociedad y el sistema socio-económico vigente en sus países no es visible, y por si fuera poco, se escuchan incontables quejas de esos graduados sobre el poco aprecio que esas sociedades tienen para nuestro trabajo: ¿Será acaso que la preparación recibida no responde a las necesidades de su sociedad?, o quizá ¿Quiénes preparan a estos diseñadores no responden a las altas exigencias que el ejercicio profesional requiere?, o peor aún, ¿Hemos perdido el rumbo en cuanto a la forma de enseñar diseño y quien lo hace?

Al voltear hacia el pasado personal, reflexiono sobre el tipo de enseñanza y profesores de los que recibí mi instrucción sobre diseño gráfico hace más de 25 años, y me encuentro con algunas características que eran muy propias de la enseñanza de la profesión en esos años, básicamente esa enseñanza tenía dos grandes características; la primera era que los diseñadores éramos preparados para TODO el campo de diseño, quizá en esos tiempos el propio campo de acción de la profesión era mucho más acotado, o quizá las herramientas con las que contábamos eran tan básicas y manuales que permitían que la técnica (TEKNE) de nuestra profesión pudiera ser aprendida en un período de tiempo muy corto, por lo que se disponía del tiempo para aprender y practicar todas las ramas de la profesión, y la segunda, en la planta docente que nos preparó, encontraba arquitectos, diseñadores gráficos (muy pocos por cierto), diseñadores industriales (igual de pocos), comunicadores, artistas gráficos, técnicos en artes gráficas, mercadotecnistas e inclusive ingenieros civiles, la gran mayoría de los cuales tenían algo en común, la docencia era para ellos una actividad paralela a su actividad profesional, de manera que al llevar por decir algo, la materia de Diseño V, (publicaciones o diseño editorial como la nombramos ahora) el docente de ese taller era un técnico en artes gráficas cuyo desarrollo profesional orbitaba alrededor de la publicación e impresión de libros y revistas, o en el caso de la materia de Medios Audiovisuales (digamos multimedia hoy), la docente de esa materia tenía su propio negocio de presentaciones audiovisuales y tenía como clientes a algunas de las empresas más importantes de la ciudad.

Sobra decir que el respeto que mis compañeros y yo teníamos de esos docentes rayaba en la admiración, y un amplio deseo de hacer y superar aquellos proyectos que nos mostraban como parte de su portafolio de trabajos, y por supuesto algunos de nosotros encontrábamos una gran disposición de parte de la mayoría de ellos por enseñarnos fuera de las horas de clase, en sus oficinas, en sus talleres e inclusive en sus domicilios particulares. Muchas fueron las horas de plática, práctica y porque no decirlo, de cigarros y cerveza en esos lugares con ellos los que nos prepararon para tomar la estafeta en el mundo del diseño de nuestra ciudad y el conocimiento de los entresijos del medio laboral que nos proporcionaron en esas largas horas, nos sirvió a muchos de nosotros para iniciar nuestro ejercicio profesional inclusive mucho antes de graduarnos.

Precisamente, ese tipo de docentes fueron los que en lo personal abrieron la inquietud de un joven diseñador de apenas 25 años de edad para iniciar y explorar el muy gratificante campo de la docencia, por lo menos, gratificante desde una visión personal de la vida.

¿Qué sucede hoy en la enseñanza del diseño?, si nos adentramos en la revisión de mallas curriculares y planes de estudio podemos encontrar diferentes visiones de lo que el diseño debería de ser a mediano plazo. Recordemos que una malla curricular se diseña en un momento dado, esperando resultados al menos a cinco años al futuro, y ciertamente los contextos socio-económicos y culturales pueden sufrir cambios muy radicales en ese tiempo. Podemos encontrar un perfil de docente de diseño, tanto declarado por las academias y cuerpos colegiados vigentes, como deseable por norma institucional en las universidades. Podemos encontrar opciones de intercambio académico, de certificaciones profesionales o empresariales… en fin, la promesa de que el estudiante de diseño egresará con una serie de habilidades, capacidades y competencias que le permitirán desempeñarse de manera aceptable en el medio laboral… sin embargo, ¿es esto cierto?

Tan solo en México, se estima que tan solo el 20% de los egresados de la carrera de diseño gráfico en nuestro país trabajan en algo relacionado a su profesión, y del 80% restante un buen porcentaje de ellos no ejercerá nunca el oficio en el que se supone fue capacitado. ¿Es esto aceptable en un país como el nuestro en donde tan solo el 5% de los estudiantes de primer ingreso a primaria lograrán terminar una carrera profesional?, ciertamente, no.

Podemos culpar a la economía, la eterna villana de nuestra sociedad, o podemos culpar a la misma sociedad, que no le da la importancia que la profesión requiere (como si fuera labor de los demás), o podemos culpar al sistema educativo, que no satisface las exigencias de los alumnos en su afán de preparación profesional, en fin, podemos buscar culpables en donde sea e inclusive hallarlos, pero desde mi perspectiva uno de los mayores culpables somos los mismos docentes.


Existen muchos paradigmas en la educación superior, ciertamente al igual que toda actividad humana tendemos a buscar las constantes y convertirlas en leyes, como si esas mismas constantes fueran eternas, algo que la historia nos ha demostrado en infinidad de ocasiones que no es así. La única constante en la historia del hombre es precisamente el cambio, y en la búsqueda de ese cambio uno de los mayores paradigmas en la educación superior de nuestro país es el docente.

Si disponemos de algo de tiempo, y nos dedicamos a revisar los sitios web de universidades en nuestro país que ofrecen la carrera de diseño gráfico (actividad por cierto que los estudiantes de bachillerato realizan con mucha frecuencia) nos daremos cuenta de algunas cosas que se repiten en cada uno de ellos:

Todas ofrecen desarrollar habilidades y competencias que harán del egresado un “tigre” en el medio laboral.
La gran mayoría basan su modelo educativo en el taller de diseño. (estudio, laboratorio o cualquiera que sea el nombre de esa materia)

La planta docente es desconocida en la mayoría de los casos, y cuando un interesado pregunta, las respuestas invariablemente dicen: “jóvenes, con gran talento, con alta experiencia profesional”, lo cual en si resulta inquietante ya que si esos docentes son de excelencia, ¿por qué no son enlistados por las universidades?
En aquellas universidades (muy pocas por cierto) que se atreven a enlistar una planta docente, el mayor énfasis de información va hacia sus grados académicos. Excelente… pero, ¿y sus portafolios profesionales?


Resulta sumamente inquietante darnos cuenta de que tan solo en nuestro país existen registradas algo más de 300 instituciones de nivel superior que ofrecen la carrera de diseño gráfico, por lo que estableciendo arbitrariamente una planta docente mínima de 20 profesores en cada una de ellas, tengamos alrededor de 6,000 docentes de diseño gráfico de los cuales tan solo un puñado de ellos sabemos quienes son, y que han hecho profesionalmente en su área.

Y aún más inquietante, de esos 6,000 docentes de diseño gráfico ¿cuántos son profesores de tiempo completo en las IES, y cual es su función en ellas?... ¿500?, ¿1,000?, ¿qué hacen en sus instituciones y donde están los resultados de su trabajo?

Si hasta este momento he logrado inquietarte sobre quien enseña a los futuros diseñadores de nuestro país, creo que voy por buen camino.

Romper el paradigma del docente de diseño (tiempo completo)


En diferentes universidades en donde he tenido la oportunidad de colaborar o de ser recibido para responder mis inquietantes y en ocasiones incómodas preguntas, me he encontrado que por lo menos en nuestro país, un docente de tiempo completo lleva su carga de trabajo dividida más o menos de la siguiente forma; 25 horas a la semana para docencia (impartición, preparación y revisión de clases) y 15 horas para actividades generalmente administrativas relacionadas con la academia y proyectos institucionales.

Esto hace una carga laboral de 40 horas a la semana, lo que indica nuestra legislación laboral vigente.

No tendría ninguna objeción hacia esto si no existieran los hechos relatados con anterioridad sobre lo que hacen nuestros egresados y lo que ganan la mayoría de ellos. Ciertamente algo no está funcionando como debiera.

Si observamos algunas de las instituciones de educación superior que son reconocidas a nivel mundial como las mejores en el campo del diseño gráfico (Rhode Island School of Design, por nombrar una) encontraremos que la concepción del profesor de tiempo completo es muy diferente a la que manejamos en nuestro país, lo que nos obliga a replantear (y romper el paradigma) de lo que debe de ser este tipo de docente.

Un profesor de tiempo completo en RISD trabaja de la siguiente manera:

Su tiempo en la institución por semana, es de tan solo 20 horas.
El ingreso de un docente nuevo, debe de ser consensuado por la academia, principalmente bajo el concepto de que aportación nueva va a dar ese docente.
Aún cuando se considera de tiempo completo, el docente debe de demostrar que las 20 horas restantes de la semana (al menos) las dedica al ejercicio profesional. Si no puede justificar ese ejercicio profesional, pierde su calidad de docente.
Aún cuando el nivel de sueldos no es comparable con el de nuestro país, un docente de RISD recibe una compensación que es superior en un 50% al sueldo promedio de un diseñador gráfico en los EEUU. Por lo que su fuente de ingresos más importante es su propio ejercicio profesional.

¿Hacia donde queremos llegar con esto?, ciertamente a revisar el modelo de docente que imparte clase en nuestras instituciones, sobre todo el docente de tiempo completo el cual debe por antonomasia ser el modelo profesional que los estudiantes de diseño deberían seguir en su formación profesional.

Rompiendo el paradigma… ¿qué hacer?

Ciertamente existen una gran cantidad de limitantes tanto legales como culturales que dificultan el concepto del nuevo profesor de tiempo completo de diseño en las IES de nuestro país, eso sin nombrar los términos en que muchos contratos colectivos están realizados sobre todo en universidades públicas, sin embargo, aún cuando pudiera parecer completamente extraño, este modelo de docente de tiempo completo no es un completo desconocido en nuestro país. Existen experiencias entre los docentes de Medicina y Derecho, por dar algunos ejemplos, en donde queda completamente claro que no es posible asignar determinados procesos de la educación de profesionales de esas áreas a docentes con poca o nula experiencia profesional vigente, y aún así no es nada raro encontrar en escuelas de medicina y derecho docentes que son ampliamente reconocidos por su trayectoria profesional vigente, amén de los grados académicos obtenidos por ellos. ¿O acaso dejaríamos en mano de un médico educado por docentes sin práctica profesional la cirugía de nuestro hijo?.

Nuestra propuesta de docente de diseño gráfico de tiempo completo busca romper esa inercia que se ha venido dando en nuestras universidades en los últimos 20 años, que le ha dado mucha más importancia al grado académico (el cual no es en ningún momento un tema que nos desagrade) sobre el ejercicio profesional que el docente debería de tener. En la búsqueda de legitimar al diseño como una disciplina profesional, hemos descuidado la parte de ejercicio de la misma que es en si la columna vertebral de la gran mayoría de las mallas curriculares en nuestro país.

Por lo tanto, ¿Cuál es el perfil del docente de tiempo completo de diseño que proponemos?

Profesional del diseño, con ejercicio actualizado y vigente.
Experto tanto académico como profesional de su área.
Actualizado en pedagogía y docencia.
Modelo profesional a seguir, con reconocimiento de sus pares profesionales.
Orientado a resultados palpables y medibles.

Nuestro docente de tiempo completo debe de ser alguien cuya práctica profesional sea el eje central de su aportación a la enseñanza del diseño, por lo menos en aquellas áreas en donde esta sea el elemento más importante de transmisión de esa experiencia. Los talleres de diseño son el mejor ejemplo del tipo de cursos en donde la enseñanza del maestro, de su habilidad y arte del ejercicio profesional son mucho más evidentes y por lo tanto constituyen la piedra fundamental de el proceso de enseñanza-aprendizaje del diseño.

No podemos olvidar que existen muchos docentes que tienen una inclinación mucho más marcada hacia la investigación pura, lo cual no es de ninguna manera una limitante para su actividad de enseñanza, sin embargo debemos de orientar a este tipo de docentes hacia otras materias en donde ese cúmulo de conocimientos le sirvan al estudiante para reforzar la argumentación de todo proyecto de diseño debe de contener.

Ciertamente este modelo no se ajusta en estos tiempos con la realidad de la gran mayoría de IES en nuestro país, sin embargo, debemos preguntarnos si los resultados hasta el día de hoy son la consecuencia de un proceso altamente orientado a ofrecer la mejor experiencia de enseñanza de nuestros alumnos, o son por otro lado, sencillamente las expresiones personales del talento innato de algunos de estos alumnos•

www.dydmonterrey.blogspot.com

Fecha de publicación: 12 de junio 2011
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