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Encendiendo una llama
por Verónica Miranda
info@veronicamiranda.com
En todas las profesiones hay un momento en donde sentimos que necesitamos un empujón, una motivación, algo que nos “de ganas” de hacer lo que tenemos que hacer.


Ilustración de Paulo Villagrán paulo@pauloensuestudio.com

Estamos preparados para trabajar, -como profesionistas o porque hemos aprendido algún oficio-  y supuestamente todo se nos ha hecho más sencillo gracias al boom tecnológico en el que vivimos, las redes sociales, las comunicaciones a distancia, abonado todo esto por nuestra ambición. Pero con el paso del tiempo podemos percibir algo que a muchos se nos olvida: hemos olvidado sentir la pasión por nuestro trabajo.


Llega un determinado momento en nuestra vida profesional en donde buscamos justificar esa falta de empuje creyendo que tiene que ver con la etapa por la que estamos pasando, con un pequeño momento o bache de nuestras vidas. Y así, nos quedamos esperando algún suceso motivador o alguna persona que  venga a decirnos que estamos listos, que depende de nosotros darle vida a lo que hacemos, a lo que tanto nos “apasiona”.

Como en el amor, hay un momento en nuestras carreras profesionales en donde algo se apaga, así de simple. Las esperanzas de hacer algo distinto, algo nuevo, de marcar la diferencia, se diluyen en la rutina y en trabajos que nos ayudan a pagar nuestras cuentas. Eso que  se suele ir apagando es lo que yo llamo “la llama de la pasión”.

En mi profesión, el diseño, esto es más común de lo que podemos imaginar y quizás de una manera mucho más intensa. A los diseñadores nos mueve nuestra creatividad, nuestra pasión y muchas veces creemos que allí se termina todo. Entonces frecuentemente nos encontramos esperando que llegue un cliente, una empresa o un amigo, con un problema, un reto que nos "ponga las pilas" y así ese termine siendo nuestro empujón. Pero, ¿qué es lo que sucede luego? Muy probablemente terminamos esperando algo nuevo una y otra vez, como si se tratara de una droga.

La creatividad es un don que se alimenta de la pasión y que tenemos todos los seres humanos, a los diseñadores nos sirve para hacer bien nuestro trabajo, para buscar soluciones efectivas e innovadoras a los retos profesionales que se nos presentan. Muchos afortunados viven toda su vida con ese don encendido, pero otros lo tienen amortiguado o hasta reprimido y desconocen que lo tienen. Entonces, ¿Cómo recuperar ese don?, ¿Cómo le damos vida? Aquí es donde yo siento que está la solución: revivir la llama de la pasión”.

Y como en el amor, sucede que si nosotros mismos no nos dedicamos a mantenerla encendida, esa pasión va desapareciendo junto con nuestros sueños de un diseño mejor y de soluciones extraordinarias y  efectivas, y oh! casualidad, junto con nuestra creatividad.

Recuerdo que cuando estudiaba diseño gráfico sentía muy pero muy lejano el hecho de trabajar, ganar dinero o ser “exitosa”. Supongo que porque no tenía experiencia, jamás había trabajado en una agencia o estudio y menos con diseñadores maestros en la materia. Pero no existía nada ni nadie que pudiera apagar mi llama, estaba encendida hasta el tope gracias a esa molesta y perturbadora inquietud de no saber cómo iba a ser mi trabajo en un futuro, dónde y para quiénes trabajaría y sobre todo, qué aportaría a este oficio y a este mundo con los años. Cada conferencia, exposición y libro que leía hacía que se encendiera una chispa más que alimentaba mi pasión. Una pasión enorme que a veces ¡hasta me daba miedo!. Recuerdo regresar de alguna conferencia a mi casa en Rosario, Argentina, con una adrenalina inexplicable mezclada con la impotencia de no poder hacer todo lo que se me ocurría al haber sido inspirada por los más grandes del diseño. Seguramente esa sensación obedecía a mi inexperiencia y, por qué no, también a mis miedos de un futuro desconocido.

Con el pasar de los años fui percibiendo que cuando “maduramos” y vamos ganando experiencia creemos que lo que sentíamos era naïve y solemos pensar "¡Cómo perdía el tiempo en esa época dibujando tonterías en un cuaderno!". Hasta sentí vergüenza por lo que pensaba que iba a hacer o lograr entonces. Sin embargo, a pesar de todo, muchas veces añoré la pasión que sentía por el diseño en esos tiempos. ¡Qué bien se sentía esa época!, qué lindo era saber que nos esperaba un mundo lleno de aprendizaje y de nuevas tecnologías (en la facultad no nos permitían usar “la Mac”). ¡Que lindo era pensar que en algún momento íbamos a hacer lo que hacían todos esos conferencistas y expositores a los que íbamos a ver cada mes a algún auditorio o universidad!.

Debe haber una teoría adecuadamente fundamentada por la cual la llama de la pasión se va desvaneciendo.  Quizás porque creemos que ya tenemos la experiencia que buscábamos, o  por nuestra integración al aparato económico o simplemente porque ya estamos “grandes” como para "ilusionarnos". Pero tengo la esperanza de que eventualmente leyendo estas líneas puedan llegar a la misma conclusión que yo: “los diseñadores son seres creativos pero muchas veces se olvidan de ser apasionados”.

Mantengamos la llama de la pasión encendida porque, queramos o no, ahí surge todo nuestro potencial, nuestra creatividad y, sobre todo, ese empuje que andamos buscando equivocadamente fuera.  Es sabido que esta llama debe ser alimentada siempre -en cada aspecto de nuestra vida-; cuántas veces lo hemos escuchado sobre el amor pero, ¿Y no amamos nuestra profesión?

Todo puede alimentar la pasión, hasta lo más inesperado puede darnos inspiración. Nada malo puede sucedernos si soñamos con hacer cosas grandes, si soñamos con ser grandes.

No dejemos que los obstáculos que encontremos nos consuman. Tratemos de  echar una mirada hacia atrás y retomemos la llama. Busquemos vivir cada día de trabajo con aquella pasión por lo desconocido y la alegría de haber aprendido algo nuevo. Volvamos a inquietarnos, a sentir hambre por el conocimiento. Pero sobre todo, no dejemos de admirar lo que queremos alcanzar.

Hoy, y gracias a no olvidarme de lo que una vez soñé, puedo escribir estas palabras para todos aquellos que hoy se encuentran buscando un impulso•

Fecha de publicación: 7 de julio 2011
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