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Diseñadores: ¿técnicos o empresarios?
por Roberto Carlos “RöC”
roc@kakumen.com
La carrera de diseñador gráfico –o como se llame en la universidad de tu elección– es un colectivo de técnicas y teoría que te permiten ejercer decentemente el oficio de diseñador gráfico. Esto se traduce en: ser el individuo que se sienta detrás de una Mac (o en algunos tristes casos, detrás de una PC) y traduce lo que dicta el departamento de mercadotecnia en gráficos estéticamente adecuados y mensajes que comunican correctamente lo que el producto o servicio hace. So far, so good.

¿Y luego? ¿Cuál será el destino de este diseñador 10 años después? ¿Debemos esperar que una década después aún esté tomando el pedido de mercadotecnistas, comunicólogos, publicistas y demás? ¿Es este un estigma resultado de una carrera que te prepara para ser un extraordinario técnico del diseño y un ejecutivo mediocre?

CEO del diseño

A lo largo de conferencias, talleres y pláticas que he impartido a diseñadores gráficos de varios rincones de México, me he dado cuenta que en ninguna universidad del país están preparando al siguiente CEO de ninguna empresa. Siguen creando técnicos cada vez más especializados en las cada vez más bifurcadas líneas de trabajo que un diseñador puede seguir. Sí, es cierto que es un trabajo fascinante. Sí, es cierto que alguien tiene que hacerlo. También es cierto que hay cada vez más áreas de trabajo en las que nadie compite con un diseñador.  Pero esta línea de pensamiento nos lleva a la inevitable conclusión de que el diseñador es el último eslabón de la cadena de comunicación. El ejecutor, el interpretador. El incomprendido por que no le captó la idea al publicista. El irredento por que no sigue las instrucciones de la dirección. El artista que debe generar maravillas de ideas encontradas y sin sentido producto de un comité.  

¿En qué momento puede el diseñador encontrar las herramientas para subir peldaños en la escalera organizacional y tomar las decisiones? Según entiendo, con el modelo educativo de las universidades actuales, nunca.

Al diseñador típico de la universidad mexicana no se le enseña ni siquiera a delegar, evaluar o administrar proyectos de diseño. El diseñador promedio que conozco egresado de una universidad del país lleva una sola materia de administración, de las cincuenta y tantas que cursa en su carrera. ¿Será esto suficiente para crear líderes de empresas, o técnicos especializados en hacer un “drop shadow”?


Un poco de RöC
Les voy a contar un poco de mi propia historia (a los que crean que les puede aburrir mi historia, sáltense hasta donde dice FIN) para ilustrar mejor el tema de este artículo: (se nubla la escena y nos trasladamos al primer lustro de los 90´s, con Guns n´Roses sonando a todo volumen) Salí de la universidad (UDEM, para ser exacto) con la tradicional sensación de todos los estudiantes de “estoy graduándome y siento que no sé nada”. Dicha sea la verdad, sí sabía mucho en cuestiones de diseño, tipografía, impresión, composición, color, software y hardware, pero estaba completamente en cero en cuestiones administrativas, contables y financieras. Esto me llevó a tomar de urgencia una maestría en Administración en la EGADE del Tec de Monterrey, la cual completé 4 años después y me abrió las puertas corporativas a esos otros puestos que sólo eran accesibles a no-técnicos. En este momento de mi vida, carrera y negocio, me dedico a administrar, delegar y evaluar diseño y comunicación, y tengo clientes que me confían cuentas millonarias basados en mi experiencia como consultor de comunicación de empresas. Fin.

En este momento de la narración, muchos estudiantes me preguntan: “¿cómo le hiciste para iniciar tu empresa?”, y mi respuesta es, “tuve que estudiar algo más”. La verdad es que también tuve que ser algo más. He tenido que estudiar cosas diferentes, leer libros, aprender disciplinas que me hagan crecer como persona y como director y dueño de un negocio. He tenido que estar evolucionando, y eso para mi pesar me ha llevado un poco lejos del diseño. Es cierto, aún diseño, pero la mayor parte del tiempo en mi empresa estoy evaluando estrategias y diseños, no creándolos con mis propias manos.

Y luego están los freelances
Me llama mucho la atención cuando veo entrevistas hechas a freelances en revistas prestigiadas internacionales. ¿Qué es un freelance? Alguien que picha, cacha, batea, echa porras y es el “ampayer” del partido. Traducido a términos mundanos, es el que vende, planea, diseña, hace la factura, va por el cheque, y lo cobra en el banco. Todo esto está muy bien, pero hay un pequeño detalle: El día sólo tiene 24 horas. Para todos, sin excepción.

¿Cómo le hacen estos freelances para sobresalir? ¿Cuántas horas tienen que trabajar al día para obtener una recompensa económica importante? Supongamos que este freelance hipotético puede trabajar diseñando 8 horas al día, sin contar labores administrativas o contables. Esto significa que tiene disponibles 40 horas a la semana y 160 al mes. Si el freelance cobra $400 por hora de diseño (No cualquier cliente los paga, conste), puede ganar $64,000 al mes. ¿No está mal, verdad? Ah, pero ¿qué pasa si el freelance se enferma? ¿Si se va de vacaciones? Se acaba el negocio. Hora no trabajada es hora no pagada. Un freelance es un empleado de sí mismo.

Esta es la verdadera diferencia entre el freelance (o diseñador de empresa) y el empresario. Un empresario puede morir y su empresa mantenerse o incluso crecer (ver caso Walter Landor). El dilema aquí es, ¿quieres ser diseñador o empresario del diseño? Son dos disciplinas diferentes, dos habilidades diferentes, incluso dos personalidades diferentes. No todos tenemos la sangre fría para ser empresarios del diseño.


Me gusta preguntarle a la gente, independientemente de su edad o relativo éxito en la vida: “¿qué quieres ser de grande?”. Lo que encierra esta pregunta es, ¿llegaste a donde querías llegar, o sigues buscando ese destino?.

Fecha de publicación: 8 de mayo 2011

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