César Mendoza

ARTE, ESENCIA DEL INTERIORISMO
LOS ARTISTAS PLÁSTICOS DE HOY, PRESENTADO POR
La realidad secreta del paisaje

Por Edgar Saavedra

Los paisajes de César Mendoza son ilusión. Construcción subjetiva del paraíso y anhelo por abstraernos del caos cotidiano. Deja de manifiesto que el arte es tabla de salvación y cuerda de nuestra profunda espiritualidad, pero también nos dice de algún modo que el arte es lección, contemplación y terapia.

Nos ofrece regocijo visual y es mágico trampolín hacia mundos inesperados. Esta es la vena creativa de César Mendoza: el paisaje como proyección anhelante y perspicaz remanencia de la cultura histórica del género que hunde sus mejores raíces en el impresionismo alemán.

En otro tiempo César Mendoza ha incursionado en el paisaje surrealista, de mundos exuberantes, oníricos y de caprichosa armonía donde la lógica tiene un despertar abrumador o desquiciante como el mundo convertido en una nave devorada por su propia fantasía. Ahora entendemos que aquellos escenarios estaban preparando la ruta para llegar a lo que ahora se desenvuelve ante nosotros: el paisaje edénico multiplicado en misteriosa libertad, anhelo y nostalgia…

El paisaje es visión del mundo. Ante un cuadro de César Mendoza cada uno identifica su propia geografía invertebrada a partir de una referencia vital: la imagen suntuosa del trópico de capricornio, los humedales del istmo centroamericano, el océano verde del Serengueti en Tanzania, la tupida selva Lacandona, el pantanoso Tapón del Darién, la pluviselva chinanteca o simplemente los manglares de Chacahua. Todo es paisaje. Lucha secreta. Conciencia del paisaje primigenio contra los paraísos artificiales, contra esa fauna y flora del deseo sin límite que no es sino placebo y vanidad… Un cuadro de César Mendoza es una ventana a la sorpresa que con calma dialoga, serena el espíritu. Es una hoja de ruta para el café de la vida. Íntima conversación entre nosotros y conmigo. Reflexión del saltamontes antes de beberse la hierba, el humus, la vida y su salterio.

Ave que retiene la luz. Acrílico sobre hoja de oro y tela. 2020. 100 x 150 cm.
Buscando un poco de luz. Acrílico sobre hoja de oro y tela. 2025. 100 x 150 cm.
Isla que regresa del olvido. Acrílico y hoja de oro sobre tela. 2025. 100 x 200 cm.

Entre lo verdoso de una trémula flora y el oro solar de algunos paisajes de César Mendoza hay una invitación transcendental. ¿Qué hemos perdido en la velocidad urbana de las ciudades? Es interesante que cierto estudio realizado en Estados Unidos reveló que el ciudadano promedio pasa dos horas diario sintiéndose culpable. De qué y por qué son preguntas aún más complejas. ¿Dónde nos quedamos dormidos que nadie leyó las instrucciones de aquel antiguo libro de libros que a las claras decía: “La vida es una sombra que pasa”? Emulación poética y existencial de César Mendoza que reconvierte el axioma en fórmula estética para expresar ahora que “la vida es un paisaje que pasa”.

Me viene a la mente lo que anunció Emil Ciorán en su compendio de aforismos De lágrimas y de santos: “El Paraíso gime en el fondo de la conciencia, mientras la memoria llora. Y es así como se piensa en el sentido metafísico de las lágrimas y en la vida como el desarrollo de una añoranza”. ¿Será que algunos pintores paisajistas están conscientes de aquel recóndito abismo? Sea como sea, los paisajes de este pintor mexicano son una terapia. Si alguien ya ha logrado ponerse una nube debajo del sombrero, qué duda cabe, hay que tomarse un paisaje de César Mendoza en pequeñas dosis para el alma.

Ave que besa el horizonte. Acrílico sobre tela. 2024. 120 x 240 cm.
Ave que reflexiona sobre la existencia. Acrílico sobre tela. 2025. 150 x 200 cm.
Dialogo entre niebla. Acrílico sobre tela. 2024. 100 x 150 cm.
Horizonte que perdura en el tiempo. Acrílico sobre tela. 2024. 120 x 240 cm

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