Olita destaca desde la sobriedad, la honestidad material y el respeto por el entorno natural
por a! Diseño / Redacción
12 de diciembre de 2025
En la costa de Playa Manzanillo, Puerto Escondido, nace Olita, un desarrollo arquitectónico que apuesta por una nueva forma de habitar: más consciente y conectado con la tierra. Diseñado por el arquitecto Daniel Amkie W., este proyecto es mucho más que un conjunto de departamentos; es una obra que respira al ritmo del mar y se funde con el paisaje oaxaqueño.
“El nombre de Olita es un homenaje, es el diminutivo de ‘ola’, una olita donde te la pasas muy bien, cómodo y fresco. El logo es una continuación de olitas, y la fachada del edificio está inspirado en una ola rompiendo en el acantilado. Con un gran ejercicio de geometría y con el uso de concreto pudimos generar estas olas, cambiantes en cada nivel del edificio”, comparte el arquitecto Daniel Amkie W.
“En el proyecto de Olita nos dieron libertad creativa y la confianza de poder abordar la obra de la mejor manera posible. Lo más bonito es que el proyecto nace del sitio: estudiamos el lugar y nos dimos cuenta de las limitantes, para convertirlas en bondades, y fueron las que nos dictaron el diseño”.
Pensado como un “monolito orgánico”, Olita se inserta con sensibilidad en la ladera, respetando la topografía y aprovechando cada ángulo para ofrecer una de las mejores vistas al océano pacífico. Nada está puesto al azar: desde la volumetría hasta la orientación, pasando por la ventilación cruzada y la captación solar, todo responde a un estudio minucioso del sitio.
“Al tener dos limitantes: las colindancias en ambos lados (el océano Pacífico al sur y las montañas al norte), trabajamos con dos ejes, que son los muros, que nos contienen hacia las limitantes. Estudiamos la topografía, y pudimos agregar un cuarto departamento —en un inicio solo serían tres—, y con esto logramos tener vistas francas”.
La estructura descansa sobre dos columnas principales que conectan el acantilado con el mar, mientras grandes muros de hormigón texturizado evocan las rocas costeras. Las jardineras estructurales son elementos clave en el diseño y simulan el oleaje, generando un juego dinámico de sombras y reflejos a lo largo del día. En la cima, una piscina infinita corona la terraza y diluye los límites entre arquitectura, horizonte y mar. Aquí la arquitectura permite una experiencia visual, táctil y sensorial profundamente integrada con el entorno.
La materialidad del proyecto habla por sí sola: concreto, mármol y madera de parota se combinan con una paleta sobria y natural. La arquitectura de Olita se inscribe en una reinterpretación contemporánea del brutalismo, donde la estructura no se esconde, se celebra. Esta honestidad en los materiales, lejos de ser fría o agresiva, se equilibra con la calidez de los acabados orgánicos y la artesanía local.
“Lo principal fue buscar un material que tuviera la menor cantidad de mantenimiento posible, por lo que el concreto fue la opción idónea, y las personas de la zona trabajan este material de una manera muy especial. Además, el concreto tiene una moldeabilidad que se adapta a las condiciones y objetivos del proyecto; no buscábamos un lugar que fuera pretencioso, sino un espacio que reciba y que permita disfrutar cada momento”.
“A lo lejos, el concreto da la impresión de que la construcción es una roca más de la montaña. Usamos este material como un canalizador para llegar al océano y a la montaña, más que como un elemento brutalista per se. Los elementos textiles, la madera y la vegetación son elementos que nos permitieron llegar a nuestro objetivo”.







La artesanía oaxaqueña no es solo un adorno en Olita; es parte fundamental del alma del proyecto. El interiorismo fue concebido en colaboración con estudios y talleres locales, que integraron cuidadosamente barro negro, textiles tradicionales y mobiliario hecho a mano, dando forma a espacios que respiran identidad y autenticidad. Olita honra lo regional con sensibilidad contemporánea, creando una atmósfera cálida, honesta y arraigada en el contexto cultural de Oaxaca.
Olita no es solo una obra estética, también es un proyecto comprometido con el entorno. Integra soluciones sostenibles como el reciclaje de aguas residuales (con una reutilización de hasta el 40%), paneles solares para apoyar el consumo energético y un diseño que favorece la ventilación cruzada natural, reduciendo la necesidad de aire acondicionado.
“Nos enfocamos desde un inicio en hacer bien las cosas, pensando que el proyecto envejezca de la mejor manera, esto también en relación con la arquitectura honesta. Otro de los aspectos importantes de Olita es que cuenta con un transformador de luz, lo que lo exime de tocar el recurso de luz de los vecinos. Tenemos una responsabilidad social con Puerto Escondido, con su gente, con la mano de obra local, siempre ha habido un énfasis en incluir a todas las personas en este proceso, y de esa forma se generó un proyecto muy familiar”, concluye el arquitecto Daniel Amkie W.
Visita: www.olita.mx





