Una exposición que convierte el reconocimiento en lenguaje y la introspección en forma
por a! Diseño / Redacción
8 de mayo de 2026
Se inauguró en Casa Milán la exposición “DDE Florencia a Milán”, la más reciente muestra del artista plástico Diego de Erice. Más que un punto de llegada, la exposición se plantea como un tránsito: un desplazamiento entre territorios físicos y estados internos, donde la obra deja de representar para comenzar a sostener.
A lo largo de cinco salas, pintura y escultura se entrelazan como un mismo lenguaje en expansión. La figura de “No Bunny” reaparece bajo nuevas tensiones, mientras la colección “Classic Firenze” introduce un peso distinto, el del tiempo, la materia y la memoria. Realizadas en bronce patinado sobre mármol de Carrara, estas piezas surgen como un eco del reconocimiento obtenido en la Bienal de Florencia 2025, donde Diego de Erice fue distinguido con el segundo lugar en escultura, pero aquí ese logro no se exhibe, sino que se transforma.
Desde sus inicios, la práctica de Diego de Erice responde a una necesidad interior. Su pintura no nace del aprendizaje, sino del impulso. En ese gesto temprano ya habitaba una intuición clara, la de trabajar la materia como extensión de la emoción. Su lenguaje, inscrito en el expresionismo abstracto, se mantiene en constante desplazamiento, evitando fijarse para poder seguir comunicando.
En esta exposición, esa búsqueda se vuelve más precisa. Piezas como “No Bunny” “Trascendency” y “No Bunny. Love me, love me not” no buscan afirmarse en la forma, sino abrirse en significado. En ellas aparece una reflexión silenciosa sobre el amor propio, no como idea, sino como ejercicio. Lo que se acepta adentro, inevitablemente, se proyecta hacia afuera.
La serie “Classic Firenze” condensa esta misma lógica desde la materia. El mármol, históricamente cargado de permanencia, y el bronce, capaz de registrar el paso del tiempo, se encuentran en un equilibrio contenido, donde la forma no impone, sino sostiene. No hay gesto monumental, sino precisión.
La obra de Erice no se dirige hacia el espectador, lo incluye. Cada pieza funciona como un umbral donde algo se activa, no desde lo evidente, sino desde lo íntimo. La experiencia no ocurre frente a la obra, sino dentro de ella.






Con “DDE Florencia a Milán”, Casa Milán se convierte en un espacio de tránsito más que de exhibición. Un lugar donde la obra no se explica, sino que se despliega, y donde mirar implica, inevitablemente, reconocerse.
Desde a! Diseño, celebramos una exposición que no insiste en mostrarse, sino en permanecer, y que forma parte de una escena contemporánea que hoy también se reúne en nuestro libro “Arte. Esencia del interiorismo”, donde la obra de Diego encuentrea otro espacio de diálogo.