Voces del arte contemporáneo: un diálogo entre Elsa Muñoz, Jorge Tellaeche y Giselle Fenig
Moderado por Antonio Pérez Iragorri
por a! Diseño / Redacción
21 de abril de 2026
En el vibrante ecosistema del arte y el diseño actual, la creación no es un acto aislado, sino un proceso de mediación entre la realidad, la materia y la experiencia humana. Recientemente, tuvimos el privilegio de reunir en un panel a tres figuras fundamentales: Elsa Muñoz, Jorge Tellaeche y Giselle Fenig, artistas incluidos en el libro “Arte Esencia del Interiorismo”. Bajo la guía de Antonio Pérez Iragorri, los artistas desmenuzaron los pilares que sostienen su obra, explorando desde la raíz de su inspiración hasta el impacto emocional que buscan generar en el espectador.
El punto de partida de toda creación es la inspiración, un concepto que para Elsa Muñoz es inseparable de la naturaleza, quien describe su trabajo como una extensión de su contacto íntimo con el entorno natural, maravillándose ante la perfección orgánica y buscando, sobre todo, respetar la “memoria” de los materiales. Para Elsa Muñoz, el arte es un ejercicio de rescate; busca intervenir mínimamente la materia para permitir que su esencia contemporánea dialogue con lo mineral y lo eterno. Esta visión de la naturaleza como base inamovible de la obra establece un estándar de respeto que resuena profundamente en el panel.
Por su parte, Jorge Tellaeche expande esta idea de mediación, pero la traslada al filtro de la resiliencia humana. Para Jorge, el artista tiene la responsabilidad de procesar las complejidades y, a veces, las tragedias del mundo, para devolverlas transformadas en esperanza. Su inspiración nace de lo cotidiano —el color de un mercado, el juego de luces en la arquitectura urbana— y se manifiesta en una paleta vibrante que actúa como una declaración de bienestar. Jorge sostiene que el arte debe ser una herramienta que nos recuerde que, a pesar de la oscuridad, siempre es posible buscar la luz y embellecer nuestro entorno.
Giselle Fenig complementa esta triada con una visión centrada en el bienestar del ser humano dentro del espacio que habita. Para Giselle, la inspiración no es un chispazo abstracto, sino una respuesta a la pregunta fundamental de cómo queremos sentirnos en nuestro hogar o lugar de trabajo. Su enfoque busca la armonía y el orden visual no como una restricción estética, sino como una forma de cuidado. Al diseñar atmósferas que permiten que el cerebro descanse de la saturación externa, Giselle logra que el arte y el diseño se fusionen en una experiencia de vida coherente y fluida.
Cuando profundizamos en el proceso creativo, descubrimos que el taller es solo la etapa final de un viaje que comienza mucho antes. Elsa Muñoz nos relata que su obra inicia en la soledad de sus caminatas, donde las piezas de madera parecen “pedirle” ser sublimadas. Una vez en el taller, Elsa asume un rol técnico absoluto; desde el uso de esmeriles y lijadoras hasta el delicado modelado en cera, ella supervisa cada detalle para garantizar que la pieza sea única y conserve la energía del árbol que alguna vez se alimentó de luz. Este proceso es casi una ingeniería del espíritu, donde los ensambles ocultos y la técnica de fundición en bronce sirven al propósito de elevar la materia original.
Para Jorge Tellaeche, el taller es un santuario de “meditación activa”. Su proceso requiere un espacio de paz que le permita entrar en un estado de flujo, donde el pincel y el color guían la mano sin ideas rígidas ni prejuicios. Jorge enfatiza la importancia de la honestidad y la presencia; si no hay una conexión real en el momento de pintar, la obra lo resiente. Es un proceso de vaciado constante donde los estímulos visuales recolectados en la calle encuentran su forma final en el lienzo.
Giselle Fenig, en cambio, abraza un proceso profundamente colaborativo. Para ella, crear una pieza o diseñar un espacio implica entender la arquitectura, la luz natural y la interacción entre texturas. Su meta es alcanzar un “diseño invisible”: una estructura tan equilibrada y natural que el usuario no perciba conscientemente el diseño, sino simplemente el bienestar que este le produce. Es la maestría de la proporción y el equilibrio puesta al servicio de la funcionalidad emocional.
Finalmente, el significado de la obra de estos tres artistas converge en la creación de puentes. Para Elsa Muñoz, el significado es la vida misma; es devolverle el ciclo vital a lo que otros consideran desecho. Para Jorge Tellaeche, la obra solo se completa cuando el espectador la observa y le añade su propia historia, convirtiendo el cuadro en un abrazo que combate la desconexión del mundo moderno. Y para Giselle Fenig, el éxito reside en la coherencia entre el ser y su espacio, creando atmósferas que facilitan la conexión humana y el autodescubrimiento.
En conclusión, este panel nos recuerda que, ya sea a través de la madera rescatada, el color vibrante o el orden arquitectónico, el arte es una invitación a detenerse. Es un recordatorio de que somos capaces de asombro y que, a través de la mediación de estos artistas, podemos encontrar un reflejo más claro y esperanzador de nosotros mismos en el mundo que nos rodea.
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