Imágenes que no se agotan en la primera mirada
Mi trabajo es el resultado de una vida dedicada a mirar, a escuchar y a viajar con los ojos abiertos. He recorrido geografías externas e internas, y en cada una de ellas he encontrado señales, colores, texturas y silencios que se han vuelto parte de mi lenguaje artístico.
La fotografía ha sido mi punto de partida, pero nunca mi límite. En mi obra conviven lo fotográfico con la pintura, con técnicas mixtas y con la experimentación que me permite transformar lo real en metáfora. Cada pieza es un cruce de caminos: entre lo vivido y lo soñado, entre lo que permanece y lo que desaparece, entre lo que se muestra y lo que se oculta.
A lo largo de los años he aprendido que el arte no es una respuesta, sino una pregunta permanente. Mis obras no dictan significados: sugieren, insinúan, despiertan. Quiero que quien las mire pueda reconocerse en ellas, perderse y encontrarse al mismo tiempo. Porque en mi práctica, como en la vida, nada está concluido.
La serie “Sueños líquidos” es un experimento continuo para atrapar lo intangible: los pensamientos, los recuerdos y los sueños que se nos escapan entre los dedos. El agua ha sido mi cómplice, porque en ella todo se refleja, se repite, se deforma, se reinventa. Trabajo con distintos escenarios —albercas, jardines, espacios abiertos siempre buscando cómo el agua y el aire transforman lo cotidiano en algo íntimo y onírico. En “Sueños líquidos” no solo miro hacia afuera, también viajo hacia dentro: en dirección a ese estado pasivo, casi meditativo, donde lo real y lo imaginado se funden.
Entre 2016 y 2017 emprendí un viaje por Europa. No buscaba solamente registrar los lugares, sino aquello que los atraviesa y les da vida: la energía que vibra en las calles, el pulso de los cuerpos y el transcurrir del tiempo en cada instante.
En “Vida y movimiento” quise atrapar lo inasible: el movimiento y el tiempo. Para ello trabajé con velocidades lentas, dejando que la luz se deslizara como un trazo, como una huella en fuga. El trípode fue cómplice: sostener la quietud frente a la marea humana, equilibrar lo fijo y lo efímero, la calma y el vértigo.
Cada imagen es fruto de la paciencia y de la espera: observar cómo el tiempo se dilata, cómo la vida fluye y se disuelve mientras deja rastros visibles. La impresión en papel metálico intensifica esa vibración, como si la fotografía no hubiera detenido el tiempo, sino que lo hubiera transformado en un eco luminoso.
“Abstractions” nació en 2014 como una extensión natural de mis paisajes. Desde entonces he buscado un lenguaje que cruce los límites entre fotografía y pintura, un lugar donde los colores y las líneas se convierten en puentes entre dos universos que se tocan. Mis piezas comienzan como trazos en encáustica y óleo, a veces torpes, a veces precisos, que luego se entrelazan con la fotografía. Es un proceso en capas, donde lo pictórico y lo fotográfico se confunden hasta transformarse en impresiones sobre papel de algodón. En ellas, aún respiran los gestos iniciales, las huellas del origen. Cada obra es un intento de abstraer el paisaje, de reducirlo a su esencia y volver a construirlo con otros ojos.
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