Entre el control y el accidente, la intuición y la técnica.
Saul Josâf, pintor y antropólogo social originario de la Ciudad de México, construye en su obra una deriva pictórica constante donde presenta, desde una perspectiva figurativa, su visión de la pintura como una cartografía de los afectos y las intensidades.
El artista explora temas como la intimidad, la soledad y la angustia, plasmándolos en escenas que representan espacios
y objetos cotidianos bajo la tensión del delirio y la revelación. En su universo, los elementos del espacio y la materia se transforman, creando situaciones en las que, muy similar a lo que ocurre en el reino onírico, el tiempo y la memoria se alteran y distorsionan, sumergiendo al espectador en estados de confusión o claridad.
Este cosmos, concebido desde lo siniestro y lo místico, se materializa mediante la pintura al óleo. La elección de este medio confiere a sus piezas una fragilidad particular; el delicado proceso de secado del óleo refleja la vulnerabilidad inherente de la imagen misma. La posibilidad de arruinar una obra, que aumenta al trabajar con óleo, crea paradójicamente mayores oportunidades para su resolución.
Para Saul Josâf, la variabilidad y multiplicidad de la imaginación pictórica están ligadas a las propiedades del óleo: su humedad, viscosidad, perfectibilidad y tiempo de secado. En su práctica, trabaja con un repertorio de gestos y cualidades que se inventan y descubren durante el proceso creativo. Para él, cada pintura debe alcanzar su propia resolución después de haber atravesado un viaje a través del caos.
Para el artista, pintar es entrar a un estado de aguda alerta, donde el tiempo se siente dislocado y lo inesperado es bienvenido. La velocidad, a veces parte de su método, no es impulso, sino estrategia, un gesto atlético donde el cuerpo y el pensamiento reaccionan al riesgo al unísono. Esto lo mantiene cerca de un sentido intuitivo del tiempo, uno que colabora con el error y se resiste al cierre.
A menudo comenzando con fuentes fotográficas, Saul Josâf las distorsiona y desestabiliza, trasladando las imágenes a una pre-apariencia, un estado suspendido inspirado en la noción de lo virtual de Gilles Deleuze, donde las formas existen antes de materializarse completamente. Aquí, el significado permanece abierto, fluido y en tránsito.
En su proceso creativo, la mancha es central: un accidente, gesto o interrupción que rompe la interpretación fija e invita a una lógica táctil. Su conexión con el cine, especialmente con las obras sensoriales y fragmentadas de Marguerite Duras, Maya Deren y Philippe Grandrieux, da aún más forma a este enfoque
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