Elegancia y discreción acompañan este espacio que celebra la conexión entre interior y exterior
por a! Diseño / Redacción
20 de julio de 2026
Casa del Mar, diseñada por Gisella Rossi, nace con la intención de crear un refugio sofisticado frente al mar, un espacio que transmitiera serenidad, comodidad y una elegancia atemporal. Los propietarios buscaban un departamento que pudiera disfrutarse tanto en familia como con invitados, manteniendo siempre una sensación de amplitud y relajación.
El concepto se desarrolló alrededor de la idea de “lujo silencioso”: materiales nobles, líneas limpias y una paleta cálida capaz de dialogar con el paisaje exterior sin competir con él. La intención fue que el mar siguiera siendo el protagonista, mientras que el interior actúa como un marco cálido y acogedor.
El proyecto presenta una base neutra en tonos arena, marfil y beige, complementada con maderas naturales de tonalidad media y detalles en cuero color cognac. Esta combinación genera profundidad visual y aporta una sensación de permanencia, alejándose de tendencias pasajeras para crear un espacio que envejezca con elegancia.
Uno de los principales desafíos de Casa del Mar fue lograr que todas las áreas sociales mantuvieran una identidad uniforme sin perder personalidad. La vista privilegiada exigía que cada elemento del interiorismo acompañara la experiencia visual en lugar de competir con ella. Para lograr esto, se diseñó un gran muro de televisión en madera acanalada que funciona como pieza escultórica y eje visual del espacio.
Casa del Mar fue concebido como una experiencia integral: desde el mobiliario diseñado a medida hasta la selección de accesorios, cada elemento fue elegido para aportar textura, calidez y equilibrio. Las piezas curvas en sala suavizan la arquitectura existente, mientras que las recámaras continúan el mismo lenguaje visual mediante cabeceras envolventes, textiles neutros y detalles artesanales.
El objetivo de este proyecto fue crear una atmósfera, un lugar donde la sofisticación no dependiera de elementos ostentosos, sino de la calidad de los materiales, la proporción de los espacios y la sensación de bienestar que produce habitarlos. El resultado es un hogar contemporáneo que celebra la conexión entre interior y exterior, permitiendo que la luz natural, las texturas y el paisaje sean parte fundamental de la experiencia cotidiana.
Desde el inicio tuve claro que este proyecto no necesitaba más elementos decorativos ni colores protagónicos. La verdadera protagonista era la vista al mar. Mi trabajo consistió en diseñar un interior capaz de acompañarla con elegancia y discreción.
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