LA VISIÓN DE GERMÁN VELASCO
Revista a! Diseño No. 143
En el diseño residencial contemporáneo, el espacio habita más allá de la mera función arquitectónica para convertirse en un territorio de resonancia personal e íntima. De acuerdo con el arquitecto e interiorista Germán Velasco, la relación entre el arte y el interiorismo no debe entenderse como una simple adición ornamental, sino como un proceso profundo de revelación de identidad. Mientras que el interiorismo aporta el contenedor, el orden y la estructura del lugar, el arte inyecta la verdad y la esencia humana que convierten una casa en un verdadero hogar. A través de esta sinergia, la obra artística deja de ser un objeto pasivo para transformarse en un interlocutor cotidiano que valida la identidad de quienes lo habitan.
Al reflexionar sobre el papel de la creación artística fuera de los recintos tradicionales, Germán Velasco destaca que “una galería o museo es un espacio diseñado para que el arte habite bajo una iluminación que respeta la visión original del artista, lo que transforma por completo la perspectiva del espectador”. Sin embargo, aclara que en el ámbito residencial el verdadero desafío consiste en romper con la tendencia de aislar las distintas disciplinas en categorías independientes. Para el arquitecto e interiorista, “en una casa, el verdadero valor del arte radica en integrarlo de forma viva y cotidiana, permitiendo que la obra dialogue directamente con el espacio habitado
y con quienes lo viven día a día”.
Esta interacción cotidiana cobra un sentido único a partir del vínculo identitario que se establece entre el individuo y su entorno. Más allá de la perspectiva o intención del creador, la relación más profunda entre el arte y el diseño de interiores es la identidad. ”Elegir una pieza para el hogar es un acto de revelación personal; la obra se convierte en un espejo del alma de los habitantes, mostrando quiénes son, qué sienten y cómo ven el mundo. El interiorismo da el contenedor y el orden, pero el arte aporta la verdad y la esencia humana al espacio”, apunta el arquitecto.
El impacto de este enfoque en la vida diaria de los usuarios se manifiesta en la coherencia y el apego afectivo. “El impacto
principal radica en la congruencia y la conexión emocional. Al convivir diariamente con piezas que te representan y funcionan como un espejo del alma, el habitante se rodea de su propia esencia. Esto transforma la casa en un refugio verdaderamente íntimo, seguro y armónico, donde el entorno visual valida la identidad de las personas y genera una profunda sensación de bienestar y pertenencia”.
Respecto a cómo surge la decisión de incorporar piezas de arte en un encargo residencial, Germán Velasco sostiene que no se trata de una petición impositiva ni de un requerimiento técnico aislado, sino de una experiencia de descubrimiento compartido: “Hoy en día, más que un requisito rígido del cliente o una simple imposición del diseñador, incluir arte es un proceso de revelación”. Es a través de la comunicación continua y el avance del proyecto como se definen las necesidades espaciales y conceptuales del lugar. “A través del diálogo y del desarrollo del proyecto, se descubre juntos qué piezas necesita el espacio. Es una revelación para el interiorista, que logra entender a fondo la psicología del cliente, y para el cliente mismo, que descubre cómo el arte puede transformar su entorno y conectar con su historia personal”.
En cuanto a la correspondencia entre la estética del espacio y las obras seleccionadas, indica que ambas áreas avanzan a la par. “Las disciplinas artísticas y el diseño de interiores están intrínsecamente conectados y caminan de la mano. Por ello, el estilo del espacio y el tipo de arte seleccionado deben mantener un diálogo coherente que nace de la introspección. No se trata de combinar colores, sino de encontrar la forma exacta de representar lo que los habitantes sienten y viven en ese lugar. Es una manifestación estética que se vuelve muy presente, muy honesta y con una fuerza visual que define la atmósfera del hogar”.
Para articular esta visión en un proyecto integral, se requiere un entendimiento profundo entre los involucrados. Germán Velasco explica: “Esta relación se construye a través de un lenguaje no verbal; es la materialización de aquello que no se puede decir con palabras, sino que se expresa mediante una imagen, un volumen, una escultura, el diseño de una lámpara o la iluminación exacta de un muro. El cliente aporta su esencia, el artista su visión y el interiorista actúa como el catalizador que orquesta estos elementos. Juntos eligen texturas y colores que generan vibraciones armónicas. Son esas vibraciones las que definen el espacio y, en última instancia, lo que le transmites también a las personas que llegan a visitarte”.
Finalmente, es de suma importancia comunicar que la adquisición artística trasciende el ámbito decorativo. “Definitivamente es muy importante que el cliente entienda que el arte es una inversión en dos vertientes. Por un lado, es una inversión de vida, porque convivirá con esa pieza todos los días. Por el otro, desde el punto de vista financiero, es un activo monetario real que ofrece un rendimiento mucho mayor que bienes que se deprecian rápidamente, como tener un coche estacionado. El arte tiende a subir de precio con el tiempo. Sin embargo, la clave está en que el cliente no compre una obra pensando únicamente en cuánto costará mañana, sino porque se enamoró de ella y lo representa a la perfección. Es el equilibrio ideal: una ganancia patrimonial respaldada por una profunda conexión emocional”, concluye Germán Velasco. !
“El arte inyecta la verdad y la esencia humana que convierten una casa en un verdadero hogar”