ZOZAYA ARQUITECTOS FUSIONA PAISAJE Y HORIZONTE FRENTE AL PACÍFICO MEXICANO
Revista a! Diseño No. 143
Una casa que rompiera paradigmas, una obra única que desafiara lo preestablecido. Así comenzó la génesis de Casa Piscina del Cielo, realizada por Zozaya Arquitectos, concebida no solo como una vivienda, sino como una experiencia arquitectónica que dialoga con el paisaje y se funde con él.
Ubicada en la costa del Pacífico mexicano, en Zihuatanejo, esta casa fue diseñada para mimetizarse con el entorno. Una suave pendiente y formaciones rocosas naturales inspiraron una arquitectura que se adapta, respira y se abre al paisaje. En el corazón del proyecto se encuentra una palapa monumental que alberga los principales espacios sociales, con acceso directo al mar.
El terreno ofrecía una oportunidad poco común: diseñar una casa que se desplegara de manera orgánica, en sintonía con la naturaleza circundante. La llegada a la vivienda ocurre a través de un portón que conduce a un motor lobby, el umbral hacia un recorrido donde la arquitectura revela su narrativa a través de gestos espaciales y materiales honestos.
El acceso principal se da mediante dos imponentes puertas que abren paso a un patio central, donde unas rocas preexistentes se convierten en protagonistas. Estas formaciones geológicas no solo fueron conservadas, sino que inspiraron la disposición de todo el proyecto.
Desde este patio se accede directamente al corazón de la casa: una gran palapa que cubre la estancia principal, abierta al paisaje y al clima del Pacífico mexicano. Bajo esta estructura generosa y ventilada se articulan la sala y el comedor, flanqueados por una cocina
y un family room que se integran visual y funcionalmente para conformar un único gran espacio de convivencia. La zona social se expande hacia una generosa terraza cubierta por una pérgola, equipada con bar y asador, que enmarca las vistas al océano.









El elemento más emblemático es una piscina de 27 metros, una línea de agua que parece flotar sobre el acantilado hacia el infinito. Desde el interior de la casa, una ventana en el fondo de la alberca permite observar cómo las olas rompen en los acantilados, creando la surrealista sensación de estar suspendido en el aire. Por un instante, el mar y el cielo se funden en un solo plano.
Tres recorridos permiten descender a los distintos niveles: una escalera que se introduce bajo la alberca como si se tratara de un umbral secreto; una segunda escalera que bordea el patio de las rocas; y un elevador que conecta verticalmente todos los niveles, asegurando accesibilidad universal.
Bajo la sala de cine/oficina —ubicada junto al patio central— se encuentra una amplia suite de visitas con terraza privada. Más abajo, en el nivel más íntimo, se despliegan dos recámaras principales conectadas por un vestíbulo. Este recorrido culmina en una terraza mirador: un espacio suspendido donde el horizonte es protagonista absoluto. Desde ahí, se observa la piscina suspendida en la parte superior y el mar golpeando la costa rocosa.
El paisajismo, diseñado y ejecutado por Taller Entorno, juega un papel fundamental: la casa no domina el terreno, sino que parece emerger de él, como si siempre hubiera estado ahí. En cuanto a materialidad, Casa Piscina del Cielo se construye con recursos honestos y locales: palma tejida para palapas y plafones, madera de parota para la carpintería, muros de tabique con aplanados de pasta tipo chukum, concreto aparente, acero en pérgolas y madera IPE en decks y barandales. El resultado es una síntesis entre la arquitectura vernácula del Pacífico mexicano y una estética contemporánea de inspiración brutalista.
Para Zozaya Arquitectos, este proyecto representa una de las obras más significativas de su trayectoria, no solo por la libertad creativa brindada por el cliente, sino por el nivel de integración logrado entre arquitectura, paisaje y contexto. El diseño interior, a cargo de DRDS, complementa y refuerza esta visión.
En términos de sostenibilidad, la casa fue pensada como un organismo pasivo: la orientación, las cubiertas de palapa y las grandes pérgolas promueven la ventilación cruzada y el confort térmico sin necesidad de sistemas mecánicos. Además, se integra una planta de tratamiento de agua cuya reutilización permite el riego del paisaje.
Casa Piscina del Cielo no solo habita el terreno: lo respeta, lo interpreta y lo celebra.