Ignacio Urquiza Arquitectos se basó en la disposición del terreno para crear un espacio que diera continuidad entre el exterior y el interior
por a! Diseño / Redacción
6 de febrero 2025
Cárpatos se ubica en un área residencial de poca densidad en la Ciudad de México. La cualidad angosta y alargada del terreno fue el componente externos que llevó a IUA Ignacio Urquiza Arquitectos a dar forma a la casa. Las restricciones frontales y posteriores, de 5 m, y la restricción lateral de 3 m marcan el perímetro exacto de la construcción.



La estrategia de diseño apuntó hacia la mayor amplitud espacial posible en el interior, buscando una sensación de apertura y de relación continua con el exterior, es por eso que un jardín perimetral —diseñado como un bosque de niebla— rodea la estructura de acero y cristal en sus tres lados. Al centro del proyecto, donde se ubican las circulaciones verticales, el jardín se inserta para generar un vacío que multiplica la relación interior-exterior y la amplitud, al mismo tiempo que funciona como núcleo de control de temperatura del proyecto.
La rigidez del volumen se suaviza con gestos e intervenciones particulares; la estricta modulación se adapta al uso y al programa que alberga, mientras que el perímetro del espacio exterior es continuamente interrumpido por vegetación. Los vacíos del sótano sugieren una circulación interior y exterior del volumen; la fachada reflejante le da una cualidad cambiante que la vuelve distinta, nueva con cada hora del día y con las condiciones del clima que refleja. El interior de este volumen es dinámico: dobles alturas, puentes y terrazas exteriores techadas se entrelazan con la estructura y generan una sensación espacial que fluye con el exterior y el habitar de la caja.
El programa se encuentra agrupado y distribuido por nivel; un sótano alberga los servicios y usos complementarios, como gimnasio, ludoteca, oficina y cava. El primer nivel distribuye las áreas públicas de la casa y las pone en relación directa con el jardín perimetral. El segundo piso está compuesto por tres habitaciones, mientras que la azotea, entre jardines colindantes y cubiertas de barro e impermeabilizante, acomoda una extensión del espacio público de la vivienda y propone un uso del 100% de su cubierta con un jardín para niños y una terraza abierta.
El color de la estructura fue tomado del Pantone de Le Corbusier, y escogido como el que más se funde con los tonos verdes de la vegetación y el paisaje. Los cristales con tinte azul/verde son espejos en el exterior, por lo que reflejan los cielos, el paisaje y las construcciones vecinas. La intención es mimetizar la casa con el contexto inmediato; esta cancelería, junto con el aplanado de estuco gris claro, apaciguan la luz en el interior y dotan al volumen frío y rígido de una sensación de calidez inesperada.






El mobiliario de Lorena Vieyra y las diferentes capas y texturas de las cortinas seleccionadas para los interiores de la casa juegan con las transparencias y arropan el conjunto. Todos estos elementos refuerzan, junto con la vegetación existente y el paisaje de Thalia Davidoff, la sensación de habitar un bosque de niebla en donde se pierde la claridad que marca una división entre el interior, el exterior y los límites físicos de la propiedad.
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