EFÍMERO
Universidad
Diseñadoras
El circo no es solo un espectáculo. Es una exageración lúcida de la vida. El equilibrio, el peligro, el disfraz, la risa o el fracaso no son simples actos, son símbolos de lo cotidiano; llevados al extremo para mostrarnos lo que normalmente ignoramos. La vida, como el circo, no tiene instrucciones claras. Las reglas nos las inventamos o simplemente las heredamos sin entender por qué. Cada uno interpreta un papel, pero ninguno es definitivo. Hoy, mañana, pasado. Todo cambia.





FRENTE A MI INTERIOR
Universidad
Diseñador
El metal, en su forma más pura, refleja su entorno con una claridad que no admite distorsión. Es un reflejo nítido, pero vacío, como el espejo que devuelve una imagen sin mostrar lo que hay dentro. El metal duro, con su textura pulida o mate, también genera una sensación de permanencia, es un material que no se moldea fácilmente, que no cambia de forma con el tiempo, igual que nuestra tendencia a aferrarnos a una imagen externa de nosotros mismos. Una imagen que parece tan sólida e inquebrantable, pero que es igualmente frágil.





CARTAS SIN DESTINO
Universidad
Diseñadora
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Cartas sin destino es una colección que retoma lo oculto y lo secreto como parte del juego, la experimentación y el autodescubrimiento. Parte desde el miedo a exponerse, a mostrarse tal como uno es, por autoinvalidación o por temor a las posibles consecuencias del rechazo, juicio o inseguridad. La colección transforma el acto de exponerse en algo positivo, mostrarse ya no como una amenaza, sino como un acto de liberación y aceptación.





EL PÁJARO Y EL OLÍMPICO
Universidad
Diseñadora
Partiendo de una reflexión personal en torno al juego, el concepto evoluciona hacia la exploración de una infancia perdida, aquella en la que no hubo espacio para jugar. No todas las infancias están hechas de juegos, amor y descubrimiento, algunas se construyen entre el miedo, la exigencia y la ausencia de paz. Este contraste demuestra que perder la infancia no define el destino, pero sí deja cicatrices profundas. La diferencia está en qué decidimos hacer con ellas: si las convertimos en fuerza para sanar y crecer, o en armas para herir.



